Breve historia de la Francmasonería en Aragón (I)

«Pocas instituciones tendrán una historia tan extensa y apasionante como la Masonería. El término Francmasonería –que, por cierto, debe escribirse con mayúscula porque hace referencia al nombre propio distintivo de una asociación de carácter universal y única, aun habiendo dentro de ella muchas ramas, variantes y obediencias distintas- procede del francés Franc-maçonnerie. El apelativo compuesto franc-maçon debe traducirse en español como libre albañil o libre constructor, significando que la persona a la que así se califica está iniciada en la Orden, goza de libre albedrío y se le considera arquitecto simbólico de sí mismo y de la sociedad que le rodea.

Escuadra y Compás

Pero la denominación de francmasón aparece por vez primera en la Inglaterra del siglo XIV. El nombre de free-stone-mason hacía referencia a los albañiles que trabajaban magistralmente la piedra de adorno. Esta denominación la podemos ver plasmada en un Acta del Parlamento que se fecha en el año veinticinco del reinado de Eduardo III. La expresión debió abreviarse luego, dando lugar a la más simple y conocida de freemason. Dejando de lado los orígenes gremiales medievales de los antiguos masones operativos, hay que señalar que en Aragón no se introduce la moderna Masonería especulativa hasta la llegada de las tropas napoleónicas, aunque es verdad que en el siglo XVIII debió existir en Zaragoza una logia con el nombre distintivo de San Pedro, igual que en Madrid existió otra con el nombre de San Juan. De hecho, se tiene constancia de que dos miembros de dicho taller del Oriente de Zaragoza –Federico Guillermo de Villanova y un tal “Gracián” o caballero de Ferrier-, se afiliaron en el Grand Chapitre Général de la ciudad de París en la Francia prerrevolucionaria de 1787. Pero no se conocen más datos significativos que puedan dar pistas veraces de la existencia de una Masonería organizada y estable en la España del XVIII»

José Antonio Ferrer Benimeli

«Es de justicia señalar que el primer historiador competente que investiga y publica acerca de la Masonería en tierras de Aragón es el oscense José Antonio Ferrer Benimeli, al que debemos un sinnúmero de libros y estudios relativos a la Orden del compás y la escuadra. Recomendamos la lectura de su obra La masonería en Aragón, publicada en Zaragoza a finales de los años setenta y que hoy es todo un clásico del tema.

A partir de la invasión francesa en la guerra de la Independencia, se crea en el territorio español una Masonería bifurcada de doble iniciativa y dirección: la de los afrancesados constituida por españoles, reunidos en torno a la Gran Logia Nacional de España, y por otro lado las logias de bonapartistas, cuyos miembros eran franceses en su mayor parte. La logia L’Union Sincère, conocida también como San Juan de la Unión Sincera, se funda en Zaragoza en 1813, constituyéndose oficialmente como tal en su tenida del 7 de enero de dicho año. La componían militares integrados en el 70 Regimiento de Infantería de Napoleón. Este taller, compuesto inicialmente por diez francmasones, solicitó su constitución oficial al Grande Oriente de Francia. Entre sus objetivos inmediatos figuraba el de extender la luz de la razón entre los nativos de la ciudad y aun de la comarca. En la Biblioteca Nacional de París hay referencias documentales del establecimiento de este taller en Zaragoza.
Conocemos perfectamente el cuadro lógico fundacional de esta logia zaragozana. El primer Venerable fue el hermano Eustache Viaud, de sesenta y seis años de edad, Ayudante Mayor de la plaza de Zaragoza; y Jean Couly, antiguo músico del 81 Regimiento del cuerpo de Infantería, obtuvo simultánea y excepcionalmente los empleos de Primer Vigilante y Tesorero. Las edades de los hermanos de La Unión Sincera estaban comprendidas entre los veintiuno –la del más joven- y la edad del Venerable, el mayor de todos.

Primer sitio de Zaragoza

La evolución bélica de la contienda hizo que los miembros de la logia tuviesen que pasar a Olorón, en Francia, vía Jaca. Fue en Jaca, precisamente, desde donde solicitaron por segunda vez por carta, al Grande Oriente de Francia, la expedición de los documentos oficiales de su constitución, ya que por entonces aún no habían recibido la confirmación de auspicio.
Pero la guerra y sus avatares hacen que los hermanos de La Unión Sincera se diseminen, quedando el taller muy mermado de miembros fundadores a los dos años escasos de su creación y primera tenida.
En el último cuadro lógico de los que disponemos, se observa que el 17 de diciembre de 1814 era Venerable el maestro francmasón Joseph Rocquemont, capitán del ejército, y es curioso observar que también es el mayor en edad: cuarenta años. Ignoramos si este taller siguió funcionando mucho tiempo como logia militar en Francia, pero lo cierto es que una vez que se desplaza de su Oriente saliendo de territorio español, deja de tener un interés particular para nosotros, pues pierde por completo su esencia aragonesa, si es que alguna vez la tuvo de verdad

Fernando VII

Desde 1813 hasta 1869, existe un paréntesis histórico en el que observamos un claro vacío documental, vacío que resulta natural si tenemos en cuenta que en 1814 regresa Fernando VII, se restablece la Inquisición y se dictan criterios desde el gobierno para arrasar la Masonería. Como indica Ferrer, el 2 de enero de 1815, el Inquisidor General Francisco Xavier Mier publicó un edicto de prohibición de la Orden.
A partir de 1816, el Santo Oficio admite delaciones y denuncias por pertenencia a la Masonería y abre algunas diligencias e investigaciones en Zaragoza, como sucedió en el caso del asturiano Juan Alva o del andaluz Josef Castañieda, y más tarde con Josef Venda, Pasqual Benito o Vicente Pomar entre otros, éste último Marqués de Ariño y miembro constatado de la logia Beneficencia de Josefina, en el Oriente de Madrid. Como es natural, el acontecer político del país tiene su reflejo en los espejos de Aragón. Con el regreso de Fernando VII da comienzo la década absolutista, y en este periodo se va a identificar liberalismo con masonismo, de tal forma que el 5 de agosto de 1824 se publicó una Real Cédula prohibiendo en España –y a la vez en sus dominios de ultramar-, todas las asociaciones de francmasones, comuneros, carbonarios y demás congregaciones secretas, considerando a los caballeros francmasones como enemigos del trono y del altar. En 1833, una vez muerto el rey, cedió la persecución y se amnistió a los francmasones, aunque no se eliminó sin embargo la prohibición oficial de la Orden.

Conde de Aranda

El Infante don Francisco de Paula Borbón es designado Gran Comendador y Gran Maestre. Su labor efectiva consistió en intentar fundir el Grande Oriente Nacional y el Supremo Consejo. Así, entre 1840 y 1845, se formó el Gran Oriente Español, iniciándose una confusa etapa de reorganización y moderado progreso.
Durante el último tercio del siglo XIX, el afán de la Masonería por hilar y engrandecer su propia historia, llevó a ciertos masones a buscar –no exentos de romanticismo- ídolos populares o grandes personajes de la nación que se hubiesen aproximado a los altares masónicos, y así nacieron mitos como los del Conde de Aranda, el Conde de Montijo o incluso el de Amadeo de Saboya, entre otros. De todos se aseveró que habían sido grandes iniciados sin ser cierto, o sin tener el menor indicio documental que lo pruebe. Ferrer Benimeli, en el capítulo cuarto de su Masonería en Aragón, ya dejaba sentado que el Conde de Aranda no fue masón. Y el que suscribe, en el capítulo veintiocho de Masonería y literatura. La Masonería en la novela emblemática de Luis Coloma, se ocupa del caso de Amadeo de Saboya, monarca del que se ha dicho, también de forma reiterada y gratuita, que perteneció a la Francmasonería

Símbolo masónico

Una vez producida la revolución de septiembre de 1868 y la sucesiva y paulatina transformación de la sociedad, la Masonería española no se unifica como hubiera cabido esperar, sino que las logias se agrupan en diversas Obediencias que enseguida pugnan entre sí por descollar y dominar el horizonte. Vemos por un lado el Gran Oriente Nacional de España, liderado por Ramón María Calatrava como Gran Maestre, el Gran Oriente Lusitano, el Gran Oriente de España -con Carlos Celestino Magnan como Gran Maestre-, la Gran Logia Independiente Española y hasta un Gran Capítulo Catalán. Lo que se dice un guirigay considerable. Este ha sido el histórico problema, irresoluto aún, de los francmasones españoles: su dispersión y conflictos intestinos.
Decíamos que la Francmasonería española, una vez reorganizada en diversas obediencias tras la Gloriosa, en 1868, toma un rumbo confuso. En este mar proceloso, observamos que surge en Zaragoza la logia Caballeros de la Noche Nº 68, adscrita al Gran Oriente Lusitano Unido. Desde 1875, tenemos documentos que nos hablan de ella, de su existencia y actividades. Gracias a documentación de archivos masónicos hallados en Canarias, se pudo estudiar en su día la historia de esta logia zaragozana.
Este taller, cuya fecha de fundación se desconoce, debió levantar columnas en torno al año 1869 o 1870. Por las cartas y testimonios históricos que los fondos archivísticos nos han legado, sacamos pronto la conclusión de que la logia Caballeros de la Noche tuvo un espíritu combativo antijesuítico muy notorio. No hay que olvidar que la tensión que se respiraba en el Vaticano siendo Papa Pío IX, entre 1846 y 1879, era muy grande, y la Iglesia condenó muchas veces a las sociedades secretas en general, y a la Francmasonería en particular, desde sus documentos oficiales. El jesuitismo es visto por los francmasones españoles de entonces como una herramienta al servicio del conservadurismo montaraz. En esta época, y al socaire de las condenas pontificias, se multiplicaron las publicaciones y libros tendenciosos contra la Masonería, como por ejemplo la revista La Virgen del Pilar y los Francmasones, que se editó curiosamente en Barcelona en el año 1866.

Gran Oriente Lusitano Unido

Fue Venerable Maestro de Caballeros de la Noche Nº 68 Mariano Amoribieta Gascue, de nombre simbólico Bolívar, empleado de profesión en su vida profana. El comerciante Ramón Pueyo Aznar fue Primer Vigilante, usando el simbólico Lanuza. Gregorio Orensanz Monge, Segundo Vigilante, con simbólico Séneca, también figura inscrito como comerciante. Teodoro Merz Silb, Secretario accidental en 1875 y Tesorero en 1876, de simbólico Schiller, era relojero de profesión. Del resto conocemos los nombres, los simbólicos y también sus grados respectivos. Amoribieta, Gregorio Jordán, Ramón Pueyo, Antonio Silva, Teodoro Merz, José Maynón, Ricardo Sierra y el catedrático Santiago Riesco eran Caballeros Rosacruces; el resto de los hermanos no tenían grados filosóficos. A título de curiosidad, es bueno destacar el hecho de que este taller inicia, como masonas de adopción, a Filomena Llanes -de nombre simbólico Egeria-, artista lírica en el mundo profano, y a Ernestina Palermi Cerroni, con simbólico Amenidad y Candor, también artista. Predominaban los comerciantes, empleados, militares y propietarios, seguidos de cerca por abogados, artistas y viajantes de comercio. También hubo un periodista, un catedrático, un médico y un profesor.
En marzo de 1886, la logia Caballeros de la Noche ya no figura adscrita al Gran Oriente Lusitano Unido, sino trabajando bajo los auspicios de la Gran Logia Simbólica Independiente Española, con el número 33 de orden. Mariano Amoribieta vuelve a figurar como Venerable del taller en esa fecha, siendo ésta la cuarta vez que obtiene dicho cargo según relatan los documentos.

Grande Oriente Español

Otra logia que trabajó en Zaragoza fue Almogávares Nº 10, integrada en el Grande Oriente Nacional de España. Fue fundada el 23 de julio de 1888 por Aniceto Giral, Caballero Rosacruz, quien reabrió este taller en compañía de seis hermanos más. Esta logia levantó columnas inicialmente en febrero de 1870, pero al poco tiempo las abatió, hasta que fue refundada o rehabilitada en 1888 por Giral. Igual que sucede con los componentes de Caballeros de la Noche, también conocemos los nombres, grados, cargos, y datos personales de los miembros de Almogávares.
En la capital aragonesa se hallaba igualmente activa la logia Luz y Trabajo Nº 390, dependiente en un principio del Gran Oriente de España. Parece que se pudo fundar en 1887 o 1888. Se conocen pocos datos de su evolución, aunque curiosamente fue el taller que publicó la revista La Acacia, de la que fue director Fabián Palasí. Pedro Manero, Federico Tejero y Agustín Blanchar fueron también miembros de esta logia, al menos durante algún tiempo.
De Zaragoza es también otro taller de nombre distintivo Puerto Rico, que se intentó levantar y sostener bajo los auspicios del Gran Oriente Nacional de España. No debió prosperar, porque no existen documentos ni referencia alguna de sus actividades

Catedral de Jaca

Entre 1872 y 1882 cuando menos, funcionó en Jaca, provincia de Huesca, la logia Pirenaica Central Nº 74. Y en los años ochenta, en Huesca capital, la logia Lanuza Nº 61. La Pirenaica Central levantó columnas el 4 de abril de 1872, bajo el auspicio del Serenísimo Gran Oriente Nacional de España. Sabemos que en 1882 era Venerable del taller Fermín Díaz Gómez, de nombre simbólico Torcuato, quien estuvo además entre los miembros fundadores del susodicho taller jaqués. En el diploma de grado 30 que guardan hoy sus descendientes, es imposible distinguir bien el simbólico. Lo mismo puede haberse escrito Torenato –así lo publica Ferrer Benimeli- que Torcuato. Además de este diploma, se conserva un anillo masónico de Fermín Díaz, un libro de rituales de primer grado de la época, las Constituciones del Gran Oriente Nacional, varios ejemplares del Boletín de la obediencia y la biblia que la logia Pirenaica Central Nº 74 utilizó en sus tenidas. Dicha biblia –el ejemplar, por cierto, presenta manchas de cera- fue impresa en Madrid, en la imprenta de J. Preciado, y data de 1876.
Según testimonio de los familiares de Fermín Díaz con los que hemos hablado, Enrique Bayo, nieto de Fermín, recibió el encargo de arrojar al río Aragón la placa metálica identificativa de la logia, que debió estar colocada en la puerta o en el zaguán del inmueble donde se ubicaba dicho taller jaqués, cuya dirección oficial estaba en la plaza de la Constitución –hoy calle de la Catedral- nº 2, segunda planta.

Zaidín (Huesca)

De igual forma, merecerían capítulo especial el devenir de los talleres documentados en Zaragoza durante la primera mitad del siglo XX, es decir, la logia Constancia -con dos épocas bien distintas de funcionamiento-, y la logia Moncayo Nº 50. Aparte, los Triángulos Fermín Galán, de Barbastro, Floreal de Calatayud, y el Joaquín Costa de Huesca.
Nos falta tiempo y espacio para hablar en profundidad de estos núcleos, pero al menos ya conocemos a grandes rasgos los antecedentes principales del quehacer masónico aragonés.

Memorial de los fusilados de Zaragoza (Wikipedia)

De entonces acá, con la guerra civil por medio y la subsiguiente represión, muchas han sido las vicisitudes por las que ha pasado esta peculiar corporación. Sin pretender adentrarnos en la época trágica de la contienda de 1936, ni tampoco en la consecutiva y cruenta represalia de posguerra contra los masones y sus adláteres, sólo aportaremos unos datos más que significativos al respecto. En el B.O.E. núm. 62, de 2 de marzo de 1940, se publicó la famosa Ley de represión de la Masonería y el Comunismo, que tantos damnificados produjo desde ese mismo año y en los sucesivos. La represión de posguerra fue muy dura en todo el territorio nacional contra los iniciados en la Francmasonería. Tan cruel como injusta. Se llegó al punto de condenar por delito masónico a muchas más personas –miles más- de las que eran masones en realidad, de forma que cualquier elemento que supusiese la menor sombra de amenaza contra el nuevo régimen, era acusado de francmasón y apresado de inmediato. Muchos de ellos fueron fusilados en las tapias de los cementerios, o perdieron la vida en las prisiones del Estado. Fueron años de represión tenaz y de propaganda antimasónica feroz que todavía hoy, debido a la desinformación de la gran mayoría, repercute en la forma de pensar de la sociedad española, que no es capaz de ver esta institución como lo que realmente es: una escuela de buenos y solidarios ciudadanos.

Ricardo Serna Galindo

(Publicado con permiso del autor)

Ricardo Serna (Zaragoza, 1954) es escritor, Licenciado en Filosofía y Letras, Diplomado en Estudios Avanzados de Literatura Española y miembro del Centro de Estudios Históricos de la Masonería Española [CEHME, Universidad de Zaragoza].



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